Era martes. Recuerdo que me preguntaste por mañana. Estabas ansioso. Habías pasado los últimos cinco minutos corriendo en círculos, como si así pudieses acelerar el tiempo. Íbamos de viaje, y subiríamos en avión. Teníamos los billetes comprados. Ya habías sacado de tu cuarto tu mochilita verde, con la cara de Goofy.
- No puedo contarte nada sobre mañana.
Tu reacción fue la de quedarte callado, y al silencio siguió un llanto. Podría haberte dicho que iríamos de viaje, que volaríamos y verías las nubes un poquito más de cerca. Pero hubiese mentido, porque lo desconocía todo del día siguiente, excepto mi imaginación. Por muchos planes, e historias programadas, mañana, siempre sería una incógnita.
Ahora vistes unas cuantas tallas más, y has cambiado tu mochila verde por un maletín. El avión llegó a ser para ti una rutina. Pero de aquel miércoles, aún recuerdo tus ojos, bien abiertos, como si quisiesen traspasar las nubes.
- Papá, hoy es mañana. ¿Verdad?
- No, hijo, de mañana es mejor que no sepamos nada.