dilluns 28 de maig de 2012

Què ha quedat de vosaltres


Segle XX.


On anareu a parar.

La vida es un castillo de arena. Se monta y una ola lo borra. La tierra se mezcla con otra tierra. Y ya ni los cimientos se reconocen. Le queda el nombre, ¿es tanto eso?

Ll. C.

diumenge 27 de maig de 2012

S'acaba

Recorde que notava el vent. Feia poc que havia eixit el sol. Em vaig asseure a les escales. Potser esperava algú, però no sabia qui era. Passaren els minuts, i vam entrar a una classe. Ja havia començat la meua etapa en la universitat. No crec que fora eixe dia, però sí eixe mes, que vaig començar a qüestionar-me si havia fet bé, elegint aquells estudis. Podria haver triat qualsevol cosa, i ahí era on estava. Vaig començar a pegar-li voltes, i, sense abandonar aquella carrera, em vaig matricular a una altra, i a tantes altres coses més.  I així, dia rere dia, van anar passat els mesos, i quatre anys. Entre classes, amics nous que ja són antics i per sempre. Nervis, il·lusions i tristesa. I ara, de sobte, això s'acaba. Sóc tan major, que fins i tot se m'acava aquesta etapa. I, per coses de l'any en què vaig nèixer, (molt simplificat) aquell procés que ens contaren, d'estudiar i trobar feina, és mentida. Una estafa. En majúscules. I clar, tinc por. Una por enorme. Però com que tot s'acaba, estic convençuda que el temor també s'envolarà. Ja no confie en això que he escoltat alguna vegada de que l'esforç serà recompensat. Però no en queda un altra. Estudiar no s'acabarà mai, però ara el que vull és que treballar, de forma estable, tinga algun començament, perquè és el que toca, ja que en realitat la vida només paga la pena quan no la comprens. 

divendres 25 de maig de 2012

Música

La clase de música que escuchan mis vecinos ahora crea ese tipo de ambiente de persona joven pero mayor, con luz tenue, en un comedor, sentada, pensando. Una escena en sepia, o de tonos grises. Con un vaso medio vacío. Sé que no es de esta época. Las persianas no están bajadas, y puede verse, a lo lejos, la noche. Se escuchan vehículos. No se puede detener el tiempo. La música de mis vecinos me gusta, y mi edad es cada vez más parecida a la de la representación ficticia. Nadie va a llamar al teléfono esa noche. Nadie va a decirle que le requieren en Islandia, o que quieren escaparse con ella esa noche. La música suena cada vez más distante. Cuando deje de escucharse la persona caerá en un sueño profundo. Las cortinas del comedor se volverán de un color suave. En la tele echarán alguna película de los 80. Los coches irán aminorando su protagonismo. El sol saludará a una mañana nueva. La representante de la historia vacilará entre desayunar o seguir pensando. Hay tantas cosas que no sabe, es tan insignificante su presencia. 
- Hola, cariño.
(Por qué 'hola' cada día...).








No. No es así la música que suena. Pero esta también me gusta.

dilluns 21 de maig de 2012

Y todo lo que ello implica

Hacer un trabajo de final de carrera implica muchas cosas.
Ilusión al principio. Emoción, interés. Pero después....
Angustia.
Dejar de comer.
Dejar de dormir.
Restringir las micciones.
Miedo.
Faltar a las prácticas.
A las 8 de la mañana empiezas a imprimir en casa. Por cada página tarda un tiempo considerable. Haces cálculos mentales y descubres que quizás no te dará tiempo si quieres llegar a encuadernarlo y poder ir al trabajo después. 
Acudir a la fotocopiadora a primera hora de la mañana. Que te digan que no leen tu USB. Volver a casa. Buscar otro USB. Volver a la fotocopiadora. Encontrársela llena de gente. Pensar que sobra tiempo y esperar. Consiguen abrir el USB. Imprimen una copia rápidamente. Todo va bien. La mujer se acerca y te pregunta si prefieres que las páginas sin imágenes las imprima en blanco y negro. Son más baratas-te anima-. Y a eso no puedes negarte. Pasan más de 30 minutos. Te dice que ha salido descuadrado. Que lo vuelve a imprimir. ¡Todavía queda tiempo!-te animas-. La mujer se ríe y tienes que devolverle la broma. Pero tu estómago es una bolita arrugada. Las imprime todas. Otra vez. Hace ya más de una hora que estás allí. Te enseña una copia encuadernada. Descubres que entre las páginas con fotos, hay también en blanco y negro. Te relajas y se lo cuentas. Las desencuaderna y las vuelve a hacer. Es casi la una y media. El precio económico es tan alto que sientes lástima. Cuando sales de allí, después de todos los procesos de hacer y deshacer, te propones a grabar el CD. Todo va bien y hasta te sobra tiempo. Hasta que descubres que entró pero no sale. El ordenador se te bloquea y secuestra al CD. Son casi las dos. Te queda una hora y la universidad está a 45 minutos. Empiezas a estresarte más de lo común. Pero aún así te dices: tranquila, hay tiempo. Abres un trabajo mientras se reinicia el ordenador. Le faltan hojas. No puede ser... Decides imprimirlas tú. Descubres que el color es un poco distinto. Pero te da igual de mentiras, porque no queda otra. Alicates en mano procedes a desencuadernar. Cuando están todas las que faltaban las juntas como puedes. Sales de casa con los alicates mientras corres. Entregas el trabajo. Y sientes miedo y angustia. Creo que debería comer. 

dissabte 5 de maig de 2012

Ficción

Tiene usted una costumbre extraña. Un olor muy raro. Unas manos claras. Sabrá que es cierto cuando le digo, que lo primero que hablamos fue el futuro. Sepa que ya ha llegado, y que ni el uno ni la otra, estábamos acertados. Sin embargo, su manera de moverse, el ritmo de sus palabras, mientras la lavadora enjuagaba calcetines, camisetas blancas y calzoncillos, era todo lo que necesitaba. Me cautivaron sus historias. Con un salto podía usted instalarse en Júpiter, no le hacía falta llegar, por supuesto y menos mal. Quizás se hubiera desilusionado, y las palabras hubieran perdido el compás. Al acabar de comer fuimos a un parque. Decidiste sentarte a mi lado. De repente eras mi amigo. Y fue todo como mágico. Como destapar un cofre, abrir un sobre, o meter las manos dentro de una bolsa de arroz. Lo nuestro me recordó a una película de esas que mientras las miras, piensas, qué bonita es esta situación tan de mentira.

dimecres 2 de maig de 2012

He perdido

He perdido muchas cosas. Sensaciones, sobre todo. Es algo que me pasa cada día.
He perdido ciudades, amantes, canicas, cruasanes. 
He perdido tu voz, unas llaves, algún boli. 
Y es mentira, eso que dicen, que se acostumbra una al olvido. 
Incluso traté de subir a un sauce, suavemente, para no hacerle daño. Y miré a las gentes de abajo, cómo se tenían y se iban perdiendo. Me dije que ya no te quería ni lo haría más. Creo que funcionó. Pero sigo sin acostumbrarme a esto de perder.
Ahora un amigo, luego unas palabras, un bocadillo, un río, una palmera. No quiero perderme la vida, pensando en todo lo que se ha ido.
Ll. C.

divendres 27 d’abril de 2012

Y mañana

Era martes. Recuerdo que me preguntaste por mañana. Estabas ansioso. Habías pasado los últimos cinco minutos corriendo en círculos, como si así pudieses acelerar el tiempo. Íbamos de viaje, y subiríamos en avión. Teníamos los billetes comprados. Ya habías sacado de tu cuarto tu mochilita verde, con la cara de Goofy. 
- No puedo contarte nada sobre mañana.
Tu reacción fue la de quedarte callado, y al silencio siguió un llanto. Podría haberte dicho que iríamos de viaje, que volaríamos y verías las nubes un poquito más de cerca. Pero hubiese mentido, porque lo desconocía todo del día siguiente, excepto mi imaginación. Por muchos planes, e historias programadas, mañana, siempre sería una incógnita. 
Ahora vistes unas cuantas tallas más, y has cambiado tu mochila verde por un maletín. El avión llegó a ser para ti una rutina. Pero de aquel miércoles, aún recuerdo tus ojos, bien abiertos, como si quisiesen traspasar las nubes.
- Papá, hoy es mañana. ¿Verdad?
- No, hijo, de mañana es mejor que no sepamos nada.